Cartas I. Cartas a Ático (cartas 1-161D)

Sinopsis del Libro

Las cartas a Ático son uno de los mayores legados de la literatura latina: un relato, en tiempos de una extraordinaria agitación política, de una personalidad excepcional que se hallaba en el centro de todo. Frente a la solemnidad y gravedad de sus tratados y discursos, la producción epistolar de Cicerón (106-43 a.C.) ha recibido una consideración menor. Sin embargo, el conjunto de cartas (más de ochocientas) que envió y recibió (de estas segundas se han conservado casi un centenar, de autores y estilos muy distintos) entre los años 68 y 43 a.C. puede ser la parte de su legado que el lector contemporáneo sienta más próxima, debido a su viveza y frescura y por el hecho de constituir una fuente excepcional para conocer una de las épocas más apasionantes de la historia de Roma, el fin del periodo republicano, puesto que participó intensamente en la política de este tiempo y mantuvo correspondencia con miembros de diferentes opciones políticas. Por añadidura, Cicerón se nos muestra más íntimamente que cualquier otro personaje del mundo antiguo, pues en las cartas consigna su carácter y sus acciones. Tito Pomponio Ático (110-32 a.C.) fue un amigo íntimo de Cicerón, con quien se conocieron en la juventud, cuando estudiaron juntos, y mantuvieron una relación sincera hasta la muerte del escritor. Nacido en Roma, abandonó la capital para establecerse en Atenas, donde residió muchos años (su cognomen remite a la célebre zona helena). Se abstuvo de alinearse activamente en cualquier facción del agitado periodo político romano, aunque ayudó en lo personal a miembros de ambos bandos, y llevó una vida moderada según los preceptos del epicureísmo. Llegó a acumular una gran riqueza y adquirió varias propiedades en el Epiro. Disponía de muchos esclavos que copiaban manuscritos, y que contribuyeron a la difusión de los escritos de Cicerón. Fue amigo de Augusto, y quedó emparentado por línea directa con la familia imperial. Protegió a Terencia, esposa de Cicerón, cuando éste partió al exilio, y su hermana Pomponia se casó con Quinto, hermano de éste y también receptor habitual de sus misivas. La colección de cartas a Ático empieza en el año 68. Cicerón se dirigió con frecuencia a él, con afecto y a menudo en busca de consejo en materias diversas, pues Ático poesía una cultura muy amplia: juntos tratan cuestiones de política, literarias, sociales, pero también íntimas. Esta gran colección es de una enorme espontaneidad; Ático la conservó como un preciado tesoro, y aunque Cicerón no pretendía dar a conocer esta correspondencia privada (en la que abundan las efusiones personales y las indiscreciones), acabó publicándose, al parecer en el reinado de Nerón. Cornelio Nepote, que pudo consultarla antes, comprendió que quien la leyera tendría una historia prácticamente continua de aquellos tiempos.

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Biografía de Cicerón

Marco Tulio Cicerón, nacido el 3 de enero del 106 a.C. en Arpino, una pequeña ciudad de Italia, fue un destacado político, orador, abogado y filósofo romano. Su vida se enmarca en un periodo turbulento de la historia de Roma, caracterizado por el conflicto entre la República y las fuerzas que impulsaban su transformación en un imperio. Cicerón es conocido por su contribución a la retórica y la filosofía política, así como por su influencia en el desarrollo del pensamiento occidental.

Cicerón provenía de una familia de la clase ecuestre, lo que le otorgó acceso a una educación de calidad. Estudió en Roma y posteriormente en diversas ciudades griegas, donde se sumergió en la cultura helénica y la filosofía, particularmente en las obras de Platón y Aristóteles. Su formación lo llevó a convertirse en uno de los mejores oradores de su tiempo, habilidad que le permitió ascender en la política romana.

Su carrera política comenzó en el 75 a.C., cuando fue elegido cuestor, un cargo que le permitió ganar notoriedad. Posteriormente, ocupó otros importantes cargos como edil, pretor y, en el 63 a.C., fue elegido cónsul. Durante su consulado, Cicerón enfrentó la conspiración de Catilina, un intento de golpe de estado que amenazaba la estabilidad de la República. Gracias a sus habilidades oratorias y su profunda comprensión de la ley, Cicerón pudo desmantelar la conspiración, pronunció una serie de discursos conocidos como las Catilinarias que consolidaron su fama y lo consagraron como un defensor de la República.

Sin embargo, su carrera política no estuvo exenta de controversias. La ejecución de los conspiradores sin juicio previo provocó un fuerte rechazo entre algunos sectores, incluidos sus adversarios políticos. A medida que la situación política en Roma se volvía cada vez más volátil, Cicerón se encontró en el centro de una serie de conflictos que lo llevaron al exilio en el 58 a.C., acusado de haber abusado de su poder durante su consulado.

El exilio de Cicerón fue breve, y regresó a Roma en el 57 a.C., donde intentó recuperar su influencia. En los años siguientes, Cicerón se dedicó a escribir y a reflexionar sobre la política y la moral, produciendo obras que han perdurado a lo largo de los siglos. Entre sus escritos más importantes se encuentran “De Re Publica”, un diálogo sobre la justicia y la mejor forma de gobierno, y “De Legibus”, que explora la relación entre la ley y la justicia.

Además de sus obras sobre política, Cicerón escribió sobre filosofía, ética y retórica. La influencia de su pensamiento fue tal que muchos de sus conceptos perduraron en el tiempo, siendo estudiados y admirados por pensadores de la era del Renacimiento y más allá. Su obra más personal, “Tusculanae Disputationes”, aborda cuestiones existenciales y la búsqueda de la felicidad, fusionando la filosofía griega con la tradición romana.

A pesar de sus contribuciones intelectuales, Cicerón no logró evitar el creciente poder de figuras como Julio César y Marco Antonio. Tras el asesinato de César en el 44 a.C., Cicerón se alineó con los senadores que deseaban restaurar la República, pero el poder de Marco Antonio y Octavio se intensificó. En el 43 a.C., durante el periodo de las proscripciones, Cicerón fue incluido en la lista de enemigos del estado y, finalmente, asesinado el 7 de diciembre de ese año.

La muerte de Cicerón marcó el fin de una era. Su legado perdura, no solo a través de su vasta producción literaria, sino también a través de su influencia en la retórica, el derecho y la filosofía. Muchos consideran a Cicerón como el último gran defensor de la República romana, y su vida y obra han sido objeto de estudio y admiración a lo largo de los siglos.

En la actualidad, Cicerón es recordado no solo como un maestro de la oratoria, sino también como un pensador comprometido con la justicia y la moral en la política. Su capacidad para unir la teoría política con la práctica ha dejado una profunda huella en la historia del pensamiento occidental.

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